LENTES DE CONTACTO
Los primeros lentes de contactos que pudieron permanecer sobre el globo ocular aunque fuera por unos pocos minutos eran unos rígidos discos cóncavos de vidrio inventados por el oftalmólogo alemán Adolf Gaston Eugen Fick, quien en el año 1887

diseñó un lente de dos centímetros de diámetro que se apoyaba en la periferia del globo ocular, en su zona menos sensible y que debía estar lubricado con una solución de dextrosa para no dañar la córnea. Este tipo de lentes fue el único disponible hasta la década de 1930, cuando se inventó el polimetil metacrilato, un plástico que permitió al optometrista William Feinbloom fabricar lentes más livianos del mismo tipo que los de vidrio.
En el año 1949 aparecen los primeros lentes corneales, de tamaño más reducido que cubrían solamente el iris y se podían utilizar hasta dieciséis horas diarias. Si bien eran más cómodos de usar, al ser de plástico rígido no permitían que pasara el oxígeno hacia la córnea y la conjuntiva, lo que promovía la aparición de dolencias e infecciones varias. Esto sería resuelto treinta años después con la aparición de plásticos permeables a los gases. A fines de la década de 1950, materiales nuevos basados en geles hidrófilos desarrollados por los químicos checos Otto Wichterle y Drahoslav Lim permitieron fabricar lentes de contacto más delgados, blandos y permeables a los gases. El polimacón, llamado comercialmente Soflens, fue aprobado por los Estados Unidos en 1971. Este material permitía bajar el período de adaptación del ojo al lente y al poco tiempo se impuso sobre los lentes rígidos. En los siguientes veinticinco años se trabajó sobre la permeabilidad a los gases y hacia fines de la década de 1990 ya se disponía de modelos que podían ser utilizados durante varias semanas sin interrupciones. En sus orígenes, los lentes de contacto fueron utilizados para corregir defectos en la visión pero en la actualidad se fabrican lentes coloreados y con diseños artísticos que permiten alterar la fisonomía del ojo.
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